Una tarde en un parque diferente al resto

Photo © Lea Jaecklin
Photo © Lea Jaecklin
Article by Patrycja Perek, traduction française Kate O'Dwyer, traducción española Diego Beamonte
18 Agosto 2011

Desde Julio a Agosto 2011, 18 talleres de GreenVoice involucraron a 200 niños de Ginebra en diferentes actividades educativas sobre el medio ambiente; descubriendo la naturaleza, reciclando y limpiando el suelo.

Era una tarde de sábado soleada, temperatura perfecta para un paseo por el parque en el Quai Wilson. A no saber que estaba pasando en las inmediaciones del Quai Wilson, donde acaba la ciudad y comienzan los paradisíacos jardines que rodean parte del lago, hubiese pensado que los descendientes de Indiana Jones estaban buscando tesoros. Una decena de niños, rondando los doce años, inspeccionaban el suelo del parque armados con detectores de metal. Al contrario que el famoso ficticio profesor de arqueología, en vez de buscar preciados tesoros, estos niños buscaban basura que llevase años en proceso de descomposición debajo de la tierra, así contaminando el suelo durante posiblemente cientos de años.

No todo lo que parece lo es, y lo que al principio parecía un divertido ejercicio, rápidamente se transformó en una valiosa experiencia de aprendizaje sobre el medio ambiente. Las actividades del parque eran parte de los talleres organizados por ICVoluntarios bajo su proyecto medio ambiental, GreenVoice en colaboración con ‘Passport Vancances’ del Estado de Ginebra y diferentes asociaciones. En este caso, AGAD (Association Genevoise Action Dépollution) – una asociación cuyo principal objetivo es aumentar la conciencia de la comunidad, sobre todo de la gente joven, sobre los efectos medioambientales de la contaminación. “Por que la gente joven? Porque si uno se centra solo en los adultos, las consecuencias no tendrán el mismo impacto en el futuro,” detalló Frédéric Renaud, Presidente de AGAD.

Las impresiones marcadas en los jóvenes impactan su comportamiento en el futuro de una forma muy profunda.

Durante el día, los jóvenes buscaron y excavaron objetos, entre ellos se encontraron cristales, tapas de botellas, latas, papel de aluminio y otros objetos de metal, incluyendo algunos que contenían plomo. La mayoría eran posibles desechos de pasados picnics en el parque. Aquellos que dejaron la basura probablemente no se daban cuenta de que lo que dejaban en su rastro podría reaparecer en sus platos. ¿Cómo? Es simple. A los niños les explicaron que los objetos de metal se oxidizan bajo la tierra. Esto resulta en la absorción, por parte de las plantas, de elementos químicos contaminantes que pueden llegar a ser dañinos. El ciclo se completa cuando estas plantas contaminadas son consumidas por animales y humanos. El problema mas grave es que el metal absorbido no puede ser eliminado y se acumula en el cuerpo. “GreenCross reportó que el plomo es el peor contaminante medioambiental, pero aun que la radiactividad, el mercurio y los pesticidas. Es estimado que veinte mil personas en todo el globo sufren de intoxicación de plomo,” concluyó Frédéric Renaud.

La mayoría de esta información fue presentada en los talleres con un fuerte énfasis en la importancia del reciclaje. Junto a los juegos y la competición de quien conseguiría el mayor numero de objetos, los niños aprendieron una valiosa lección. Y si en el futuro quieren tener un huerto con sus propios vegetales, esperemos que primero investigaran para ver que hay debajo de su tierra.

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